sábado, 5 de agosto de 2017

INVASIÓN TURÍSTICA

El turismo se ha convertido en una tremenda locura que está dando lugar a graves problemas de difícil solución. Llegar de casa a la costa es entrar en la angustia: saturación, multitud de gente en las playas, peleas por encontrar un hueco donde poner la sombrilla, chiringuitos y bares abarrotados y caros, paseos como si estuviéramos en un hormiguero, incomodidades, ruidos… Marchar a ciudades históricas y monumentales es también deprimirse: infinidad de autobuses y trenecitos panorámicos, vendedores atosigantes, incontables tiendas de baratijas, portalillos de comida basura, restaurantes con los clavos y el martillo preparados para clavarte sin miramientos, hoteles costosísimos…

Y claro, ahí tenemos ciudades como Roma, París, Amsterdam o Barcelona masificadas… Pero aún peor son otras ciudades como Venecia, donde las mafias se han apoderado de los negocios más importantes y donde los venecianos han tenido que huir porque es imposible vivir ante tanto barco-taxi, tanta góndola, tanto vaporetto…, tanta gente pasando por todas las calles y rincones, con una plaza de San Marcos por la que no se puede ni andar del gentío, con colas de horas para poder entrar en la iglesia o el palacio ducal, además de tanta tiendecita y tantos contenedores saturados de porquería… Venecianos que, ante el desconcierto, el cansancio, el enfado y la rabia no cesan de hacer pintadas en las que expresan: “Turistas fuera”.  Y claro, ahí quedan la mayoría de las casas medio derrumbadas y deshabitadas, con fachadas ruinosas que nadie arregla…

Islas también como Santorini, bellísima pero agobiante. Ciudades como Atenas, mal cuidada, con una Acrópolis que decepciona ante tantas miles de personas haciendo fotos, tanta piedra milenaria por el suelo, tanto pavimento de rocas resbaladizas, por tan poca preocupación ante tan grandiosa joya, por tanto expolio cometido, con un ágora además que es más que un teatro del absurdo… ¿Dónde se invierte la enorme fortuna que entra diariamente, vía taquilla, en esta inmortal ciudad? Lugares que son igualmente Patrimonio de la Humanidad como Olimpia, con los antiguos restos arqueológicos mal presentados, por entre los que pasear como si estuviéramos a punto de comenzar los juegos y fuéramos todos atletas. O como Corfú, donde junto a edificios de importancia nos encontramos solares con matorrales secos y coches abandonados sin ruedas… O como Kotor, en Montenegro, mucho mejor cuidada, pero en donde todo es lucro y parafernalia, hasta subir andando por empinadas y desaliñadas cuestas pedregosas hasta la cima de sus murallas bien conservadas…

Y más y más… que he podido comprobar personalmente, viviendo momentos de fantasía inolvidables más desde mi corazón y mis sueños que desde la realidad encontrada… Y todo porque el mundo se ha hecho demasiado pequeño y todos hemos de verlo todo y estar en todos sitios… Una invasión, al fin y al cabo, en toda regla, que genera negocio, crea trabajo, produce gran cantidad de dinero y da lugar al enriquecimiento de no pocos, pero que hace imposible la vida diaria de las gentes autóctonas que no hace tanto vivían ahí en paz y tranquilidad…

Y llegado aquí me pregunto si Úbeda no acabará con el tiempo también invadida por completo y con ello perder su auténtico encanto e idiosincrasia. Por lo pronto, las Plazas de Santa María y aledaños, San Pablo, Ayuntamiento, Andalucía, así como las calles Baja del Salvador, Real, Nueva y Obispo Cobos ya dejaron de ser lo que eran para ser ocupadas por terrazas y más terrazas, bazares de recuerdos y conocidas tiendas franquicias de esas que están en todas partes. Algo que deja riqueza, desde luego que sí, pero que también se lleva un trozo de nuestra alma. Esperemos que nunca llegue, como ya ha sucedido en otros muchos lugares, a que se la lleven entera.